A veces me imagino Internet como una gran metrópoli con grandes edificios, construcciones enormes con el logotipo de Google y Microsoft. Otros más pequeños como Yahoo e innumerables pequeños edificios que en muchos casos no paran de crecer. La gente, de aspecto indefinido, te avasalla por la calle con miles de folletos de viagra, casinos y sex shops. El movimiento en la ciudad es enorme aunque por otro lado parece que no haya vida humana. En esta urbe deshumanizada el dictador es Bill Gates y Steve Jobs es Dios.
Lejos de la ciudad, a las afueras, se esconde la blogosfera. El territorio de los bloggers, que viene a ser como un polígono con miles y miles de pequeños habitáculos donde bajo una bombilla personas anodinas escriben cosas variadas con la sana intención de ser escuchadas.
Un tal Borjamari se ha hecho el capo del lugar, el tipo que decide lo que vale y lo que no y todos suspiran por ser siquiera mencionado por él. Nadie le conoce, nadie sabe quien es. Pero el está ahí. Mientras, otros se dedican a menear folletos sobre las bondades de Dios y la maldad del dictador que nos convierte en renegados del sistema. Los cuelan por debajo de la puerta aunque tú no tengas ninguna intención de leerlo.
Y así transcurren las cosas, lo bloggers pasean por el lugar y se intercambian historias y opiniones a las que decidieron llamar post.
De este modo suceden las cosas en este polígono, ya casi industrial desde que los todopoderosos Google vieron aquí un posible filón. Pero eso es otra historia.
Así, en la tranquilidad de la zona, donde tan solo se escuchan los sonidos de las teclas hay un tipo enloquecido y grosero que, como un papa noél borracho en la puerta de un McDonalds, comienza a lanzar improperios contra los “castellanos” y todo lo que no es catalán o de “etnia catalana”. Chorizos, ladrones, pajeros, traidores y chulos son tan solo algunos de los improperios que salen de su amarga boca. Berrea que va a hacer un documental que va a vender a televisión, comienza a soltar barbaridades sobre la creación de un partido político. Otros recuerdan el número que montó cierto día con la llegada del Apocalipsis financiero el 2 de Octubre de 2006. Parece el mismísimo Ignatius Reilly obsesionado con una conjura de necios.
¿Y quién es aquel borracho se preguntan algunos?
Cierto día, de entre los miles y miles de bloggers e infinidad de posts, un tal Alberto Noguera dio la campanada con la historia-cuento de Pepito Relámpago. Un relato que todos necesitaban escuchar dadas las dificultades para comprar un piso en aquel lugar llamado Realidad. Al parecer no supo asimilar el éxito. Trató de recuperarlo con otros relatos ya no tan brillantes y otros ciertamente desfasantes. Su estilo comenzó a ser agresivo y a volverse contra el mundo. Su último intento ha sido tratar de vender un libro a precio de best seller y tratar de ganar dinero a base de carteles de neón en la puerta de su habitáculo.
Curiosa su falta de respeto impropio de un supuesto perfil culto, moderno y europeizado autoadjudicado por vivir en un pueblo valenciano. Si este tipo es Europa, ahora, más que nunca, viva España, Madrid y todos los “castellanos”.
El éxito relámpago 15 de abril de 2007
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