Cuando un libro te engancha eres capaz de leer de pie en la bañera mientras esperas que termine de llenarse. Puedes incluso seguir la historia en el brevísimo camino al coche por la mañana o incluso seguir leyendo en el atasco de la A-6. Serías también capaz de tener minifotocopias del libro en el bolsillo para aprovechar ratos muertos en el trabajo.
Pero en otras ocasiones una narración se te atasca, te atasca, te deja sin leer otra cosa durante meses. Eso me ha pasado con este "cuento" que comenzé en Noviembre y terminé ayer. El estilo es demasiado inconexo y la historia es interesante a rachas. En definitiva, la lectura se hace tremendamente espesa. Tanto tecnicismo y fórmulas tan poco comprensibles para un profano como un capítulo de House en japonés.
Pero a pesar de todo, de su tremenda espesura, tiene un aura especial, un estilo original, a la par que confuso. No se, deja un sabor de boca final un tanto incierto, no sabes si has leido algo especial o simplemente has perdido el tiempo, pero por ahora la sensación final es de cierto agrado a pesar de todo.
Vamos, que reviso lo que he escrito y me doy cuenta que no se muy bien lo que estoy diciendo. La misma sensación que habrá tenido el autor de este libro tan peculiar.
Libro - Los artistas de la memoria (**)
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